El caos estructurado

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Sinopsis

La certeza es imposible: el error, la locura, el azar, como las alucinaciones o el sueño, pueden engañarnos. Pero no hay que desesperar. De algo podemos estar seguros: algo hay.

Lo malo es que, más allá de esta obviedad (pasan cosas, sentimos cosas: sean producto de la ilusión o de la locura, pasan cosas), poco más podemos asegurar sin caer en misticismos y revelaciones. En este punto, solo nos queda jugar al como si, es decir, asumir la falta de certeza, darnos cuenta de que tampoco es tan grave (durante milenios hemos vivido aceptando errores por verdades y aquí estamos) y dedicarnos a crear y comparar teorías.

Ahora bien, para comparar teorías necesitamos criterios. Pero estos van a resultar siempre subjetivos, dependientes de nuestros deseos, lo cual nos va a obligar a aceptar, aunque provisionalmente, postulados acerca de cómo es el mundo. Para manejarnos con esta verdad múltiple podemos crear ámbitos conceptuales. Estos ámbitos no pretenden ser, en absoluto, reflejo de cómo es el mundo, sino solo un marco de conversación.

  • Ámbito cero. Nos hacemos la primera pregunta: ¿existe algo?
  • Ámbito de la existencia. El único ámbito que parte de una certeza: algo hay. Pero cuando nos preguntamos si eso que existe tiene forma, nos encontramos con el caos.
  • Ámbito de la existencia estructurada: comprender es comprimir: Aceptada una existencia estructurada, vemos que comprender consiste en comprimir los datos disponibles en metáforas que unan fenómenos menos conocidos con otros que nos resultan más familiares.
  • Ámbito de la existencia estructurada: visiones escépticas: La pregunta que se nos plantea entonces cuestiona si seremos capaces de comprender la estructura de la existencia. La posibilidad de un engaño cósmico; de un infinito nivel de complejidad o de un círculo hermenéutico insuperable nos dice que unca podremos saber si el universo es completamente compresible.
  • Ámbito del conocimiento.

     

Los unicornios, los gatos y el número cinco, aún existiendo, no existen de la misma manera, aunque a veces el hechizo del lenguaje nos lo haga creer. Pero también es cierto que eso que llamamos gato suele huir ante eso que llamamos perro.

De algunas entidades puede demostrarse su inexistencia más allá de la mera fantasía por ser su definición contradictoria. Por ejemplo, puede demostrarse la imposibilidad de un ser omnisciente, omnipotente y absolutamente bondadoso.

La superstición y el escepticismo son las posturas extremas que se adoptan ante el problema de la existencia: para los primeros, cualquier cosa es una prueba; para los segundos, nada lo es. Lo curioso es que, siendo conceptualmente simétricas, la postura supersticiosa está mucho más extendida que la escéptica. Posiblemente se deba a que, en realidad, saber nos importa bastante poco.

Lo que sí nos importa es ser felices, aunque a veces nos hagamos líos. Para evitarlo, es importante distinguir entre las distintas formas del mal: un mal de primera generación es el mal natural, consecuencia de ese desorden que es la naturaleza. Un mal de segunda generación es el mal demoniaco, producto de la existencia de leyes y de su desobediencia. Y una tercera generación de mal es el mal enajenado, el más destructivo, aquel que encarnan los que, olvidándose de que las morales son medios, las convierten en fines.

Uno de los ingredientes de la felicidad es disponer de libertad para satisfacer nuestros deseos. Otra cosa muy distinta es cómo tomamos nuestras decisiones. El llamado libre albedrío no es más que una sensación producida por nuestra ignorancia, pues nuestras decisiones son producto de un triple cálculo: instintivo, emocional y racional.


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Última actualización: 7-4-2011


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