El caos estructurado

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No todas las cosas existen de la misma manera

 Todo aquello de lo que se puede hablar existe, porque si no no podríamos hablar de ello.

Pero no todas las cosas existen de la misma manera.

Buena parte de los problemas de la filosofía, y casi todas las guerras, surgen de no entender correctamente la diferencia entre las distintas formas que tienen las cosas de existir.

Los nombres son hechizos que nos hacen creer en las cosas que nombran. Por eso tantas mitologías identifican el acto de crear con el acto de nombrar.

Algunos piensan por ello que estamos condenados a vivir hechizados, pero yo no lo creo. Podemos ir más allá de las palabras, podemos pensar en el mundo que a veces nos esconden.

No existen de la misma manera los gatos y los unicornios. Tampoco Ana Karenina y Scarlett Johansson, aunque para mí, a todos los efectos, son seres igual de ficcionales. No existen de la misma manera una pesa de un kilo, el concepto de kilo del sistema métrico decimal o la secuencia de signos “1 kg”, como no existen de la misma manera mi yo, los cuerpos, el monte Everest, las olas, el número cinco, Europa, el arco iris, Saturno, los átomos, el amor, la belleza o el mal.

Hay conceptos que poseemos intuitivamente. Hay otros que inventamos a partir del lenguaje, jugando con las palabras, creando definiciones. El concepto de número imaginario no es intuitivo. Sin embargo, lo definimos, lo ponemos a prueba, y funciona. El concepto de dinero no es natural. Sin embargo, lo inventamos, y se adueña del mundo.

Sea un esfericubo una ‘esfera cúbica’. ¿Existen los esfericubos? No, claro que no. No es suficiente tener una definición para existir. La definición de unicornio nos permite imaginarlos, y hasta pintarlos: los podemos imaginar. Pero la de esfericubo no nos permite nada, es un sinsentido, la forma más baja de existencia.


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Última actualización: 21-1-2011


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