El caos estructurado

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Un cerebro sumergido en un frasco

Sobre una mesa descansa una bombona de cristal en cuyo interior se ve, sumergido en un líquido transparente y gelatinoso, un cerebro humano. De él salen centenares, miles de pequeños hilos que se van reuniendo en haces cada vez más gruesos hasta fundirse todos en una única manguera que sale del recipiente y va a parar a una enorme y reluciente máquina repleta de luces parpadeantes. Otros cables de mayor sección que parecen tubos salen en menor número del cerebro y van a parar a otros artilugios de aspecto hidráulico.

El responsable del montaje es el profesor D., a quien nos dirigimos para conocer el significado de todo aquello: resulta que el cerebro está vivo y la gran máquina reluciente es un ordenador de su invención capaz de proporcionar al cerebro todo tipo de impresiones sensoriales a través de las pequeñas fibras que están conectadas a él, mientras que las conexiones más gruesas son, en efecto, conductos a través de los cuales se le proporcionan los nutrientes y el oxígeno necesarios para su metabolismo. El ordenador genera los estímulos que transmite al cerebro de modo tal que crea en él una apariencia de realidad total: el cerebro oye, ve, siente de un modo en nada distinto al nuestro. Como todas sus percepciones llegan a través de las fibras no tiene forma de distinguir su realidad virtual de una realidad más real. Para él no hay más realidad que aquello que percibe.

Cuando le preguntamos al profesor D. por su siguiente proyecto, nos dice que va a conectar varios cerebros sumergidos en distintos frascos para que interactúen entre sí.

-   Por cierto, ¿tiene nombre?

- ¿Quién?

-  Pues... el cerebro... quiero decir... la mente... quien sea que percibe lo que el ordenador manda por los cables.

- Ah, claro. Sí, sí, tiene nombre: se llama Homínidus.

 


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Fuentes:

  • La primera vez que supe de esta hipótesis fue por una historieta de un tebeo de terror que desgraciadamente no puedo precisar (¿VampusRufus?).
  • Después, mucho después, la volví a encontrar en un libro de H. Putnam: Cómo renovar la filosofía.
  • Y después, desgraciadamente, vi aquella basura que titularon Matrix.

Última actualización: 1-1-2011


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