El caos estructurado

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La razón es inútil

La realidad no atiende a razones. Como un irrefrenable Juggernaut, la realidad ocurre movida por su propia dinámica. No hay idea, ni destino, ni finalidad alguna en la sucesión de los acontecimientos. Todos esos son conceptos humanos, ficciones inventadas para intentar comprender el mundo que se han mostrado, una y otra vez, inútiles.

Somos incapaces de predecir nada mínimamente complejo. La ciencia describe el comportamiento de algunos fenómenos naturales tremendamente sencillos, pero en cuanto nos fijamos en asuntos humanos, todo se embarulla.

La razón es que no nos comportamos racionalmente. Lo hacemos movidos por instintos, miedos, prejuicios, deseos, fobias, filias, rumores, generalizaciones, simplificaciones, autojustificaciones, tradiciones, costumbres y no sé cuántas influencias más que apenas dejan espacio para la razón.

Las ideas influyen en el mundo. Mucho. Pero no por su contenido informativo, ni por su racionalidad. Influyen porque en un momento determinado colaboran con otro montón de acontecimientos para que la piedra resbale por la pendiente de la realidad. Las ideas racistas calan porque le permiten a un montón de gente justificar su frustración y hacerles sentirse mejores y más grandes. La idea de Dios cala porque da esperanza a los pobres y cobertura legal a los poderosos. La idea de verdad, como la de ciencia, cala porque da seguridad. Son las circunstancias las que seleccionan las ideas triunfantes, no su racionalidad.

Sí, las ideas calan, pero porque funcionan, en el sentido de que generan movimientos que vencen a otros movimientos. Lo importante no es tener razón, nunca lo es: lo importante es ser influyente, efectivo. Ejemplos de lo que digo lo vemos todos los días en la persona de políticos, de pensadores, de periodistas que, diciendo verdaderas sandeces, son apoyados por millones. No importa lo que digan: importa que sean “de los nuestros”, o que nos proporcionen consuelo o, también, motivos para regodearnos en el placer de la indignación.

Sabemos, como especie, que dios no existe, que el capitalismo es un suicidio, que las morales son convencionales, que el lenguaje miente, que la ciencia es hipotética, que el mundo se agota, que las patrias son ficciones, que los humanos somos animales y, sin embargo, seguimos actuando como si no supiésemos nada de ello. ¿Y por qué? Porque de entre todas nuestras capacidades, la que menos influencia tiene es la razón.

La causa quizá sea que la razón ha sido, en términos evolutivos, la última en llegar. Lo cierto es que el hábito de su uso es artificial, en el sentido de que exige mucho entrenamiento, disciplina, mucha voluntad. Quiero decir que ser racional no es algo que salga de modo natural. Por eso es un tipo de comportamiento tan raro, una forma de responder a las situaciones de la vida tan extraño que muchos lo ven hasta peligroso, porque, sin saberlo, presienten que un uso continuado de la razón acaba por cargárselo todo, y no quieren.

Esta es una de las ideas clave: la razón puede estar bien para resolver algunos problemas inmediatos, del trabajo, de la vida diaria. Pero cuando la razón se opone a nuestras convicciones, ahí deja de interesarnos. Pocos son los que, ante nuevas ideas, ante nuevos argumentos, son capaces de cambiar sus convicciones. Hace poco, ante mis peticiones de sentido, alguien me contesto: “hombre, es que si lo analizamos todo…”. Y tenía razón: la realidad no aguanta un análisis continuado sin perder todo sentido.

A la hora de cambiar el mundo la razón es inútil: vale más un eslogan efectivo, una imagen sugerente, un personaje carismático, que diez mil argumentos perfectamente construidos. ¿Por qué? Pues porque para que algo sea influyente debe llegar a la mayoría, y la razón no lo hace.

No pretendo con este texto ser elitista ni nada de eso. Solo quería constatar un hecho que es, por otra parte, perfectamente corroborable, pues basta con preguntarle a cualquiera por los fundamentos racionales de sus convicciones para sentir la ausencia.


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► Sugerencia para continuar: Sobre la curiosidad y lo poco que nos importa saber.

Última actualización: 14-7-2011


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