El caos estructurado |
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De alguna forma sentimos que la mismísima estabilidad del mundo depende de cómo lo pensemos. Por eso tanta gente odia que otros piensen distinto. Por eso se nos hace a veces tan difícil aceptar hechos que tenemos delante. Porque mientras mantengamos bajo control las palabras, la realidad será como queremos que sea. Pero si las palabras se separan de nuestras convicciones, entonces todo puede pasar. Obviamente, no es así. Los humanos creímos durante milenios que el lugar en el que vivíamos era plano, una superficie plana, quizá un disco, situado horizontalmente en medio del universo. No era esta una creencia inverosímil, pues realmente lo parece, y porque además hemos aprendido que cuando nos situamos sobre una superficie inclinada tenemos que hacer esfuerzos para no caernos. A lo largo de los siglos filósofos, astrónomos y navegantes fueron proponiendo una alternativa audaz: la Tierra en realidad se parece más a una esfera. Para algunos este pensamiento no tenía el más mínimo sentido por estar en contra de la experiencia. Muchos se negaron a la idea por contradecir sus creencias religiosas. A otros les llenó de auténtico terror el solo hecho de pensar que pudiésemos vivir en algo con una forma tan inestable, mientras que los más tranquilos se preguntaban sobre qué hacían los habitantes de las antípodas para no caerse. Sin embargo, el tiempo pasó, la idea se impuso, las pruebas a favor se sucedieron (las últimas en forma de fotografías tomadas desde satélites artificiales), la costumbre hizo su trabajo y hoy día casi nadie se opone a lo que parece ser un hecho: la forma de la Tierra es aproximadamente esférica. Esta forma de pensamiento mágico es una consecuencia más del hechizo del lenguaje. Cito a continuación algunos ejemplos de este fenómeno:
Un ejemplo reciente de cómo identificamos el pensamiento y el lenguaje con la realidad lo tenemos en la clasificación del astro Plutón. En 2006, la Unión Astronómica Internacional decidió sacar a Plutón de la nómina de los planetas del sistema solar para encuadrarlo en la nueva categoría de planeta enano, de modo que el Sol, que hasta ahora tenía nueve planetas, pasó a tener solo ocho. Este simple cambio de etiqueta desató una considerable polémica, lo cual es bastante ridícula si pensamos que en nada afectó al helado transcurrir de Plutón por su extraña órbita. Sin embargo, como digo, hubo polémica. ¿Por qué? Pues porque, para muchos, se había alterado el gran orden de las cosas. |
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Última actualización: 20-1-2011 |
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